Durante la vida estudiantil, hay profesores que dejan huella y él es claramente uno de ellos. Además de enseñar Matemáticas y Tecnología, parece saber de todo. No importa el tema que salga en clase: siempre tiene algo interesante que contar. Cercano, divertido y muy querido por los alumnos, hoy hablamos con el profesor Álvaro Collado para conocerle mejor.

Fotografía por ANA TABARES, ASTRID FERNÁNDEZ y CLAUDIA CEREZO (3ºB ESO)

REVISTA COPOS: Hola, Álvaro. Muchas gracias por dedicarnos unos minutos de tu tiempo para la revista. Teníamos mucho interés en conversar contigo. Bueno: nos gustaría empezar preguntándote si siempre quisiste ser profesor.

ÁLVARO COLLADO: Pues a ver: la vocación de profesor me ha venido mucho después. Cuando salí del instituto, no sabía ni lo que quería ser. Simplemente me metí en una carrera porque sí. De hecho, luego me cambié. Yo hice Informática, pero no me convenció del todo porque no me atrajo lo suficiente y me cambié a Telecomunicaciones. Y ya Telecomunicaciones sí: para delante y la hice. Pero al principio no tenía pensado ser profesor. No era una cosa que yo tuviera en mente. De hecho, ser profesor fue por casualidad. Antes del Máster de Educación, había una cosa que se llamaba CAP, que era el Curso de Adaptación Pedagógica. Entonces, un amigo con el que estaba trabajando me dijo: «Vamos a meternos, porque si lo hacemos, ya lo tenemos, y si algún día queremos ser profe, podemos serlo».

R.C: ¿Y siempre lo has relacionado con las matemáticas o ha ido más por tecnología?

A. C: Yo empecé siendo profesor de Secundaria de Tecnología y, como había hecho Magisterio, también empecé en Primaria. De hecho, fui profesor de Música de Primaria, porque hice Magisterio de Educación Musical, especialidad Música.

R. C: ¿Y eso? ¿Por qué música?

A. C: Pues porque, ya que me metía, dije: «Pues que me enseñe a hacer algo». Más de lengua y tal. Y, de hecho, las asignaturas de música fueron las que más me costaron. Yo no tenía ni idea de música. Allí había gente que sabía tocar la guitarra, que sabía tocar el oboe, que sabía tocar el violín… Yo fui allí: «Vale, pues enséñame música». Las asignaturas de música me costaron muchísimo aprobarlas. De hecho, me pasé un verano entero tocando el xilófono porque me había quedado una asignatura. No era exactamente solo eso; pero sí, tenías que entonar y tal. Estuve todo el verano tocando el xilófono y luego al final la aprobé.

R. C: Actualmente, ¿qué es lo más difícil de ser profesor?

A. C: Yo creo que lo más complicado es adaptarse a cada una de las clases. Las clases son muy diferentes. No solo tienes que saber tu asignatura, sino que tienes que saber adaptarte a cada clase y, dentro de cada clase, además, a cada alumno, porque no sois iguales.

R. C: Así que no das de la misma forma a todas las clases.

A. C: No, no se puede. Es imposible darlo de la misma forma. Hay veces que te ha salido una clase muy buena, porque es así. Tú te pones a dar una clase y ¡anda que no me enrollo con vosotros! Sabéis cómo soy. Me pongo a hablar y se me va.
Y, de repente, te pones en otra clase y ya ni siquiera sabes lo que has dicho en la clase anterior, porque simplemente ha surgido de esa manera. La clase te ha preguntado, te han hecho cosas… Entonces, no puedes hablar igual. Es complicado dar las clases exactamente igual. Yo creo que adaptarse a cada clase es, por lo menos en este cole, lo más difícil.

R. C: ¿Y qué es lo que más te gusta de enseñar?

A. C: Lo que más me gusta de ser profesor es el hecho mismo de enseñar e impartir conocimientos que los alumnos no saben. A mí, por ejemplo, cuando estaba en 6º de Primaria dando mates, me encantaba el momento de enseñar los números negativos a los alumnos, porque no tenían ni idea o no habían pensado en ello. Era como: «¡Hala! Se ha abierto un mundo de repente delante de mí». Todos vais al parking a la planta menos dos, pero nunca habíais pensado que ese número era en sí mismo una cosa diferente a la que estabais acostumbrados. Eso es muy divertido. Y luego, es verdad que a mí la relación con los chavales, con vosotros, me hace reír mucho y hace que mi trabajo me guste. Yo me lo paso bien dando clases. Creo que no todos los días, porque obviamente siempre pasan cosas. Hay un momento dado en el que hay gente que habla mucho y te tienes que enfadar y tal, pero yo normalmente en clase me lo paso muy bien. Entonces disfruto. Es el trabajo que más he disfrutado en mi vida.

R. C: ¿Tienes alguna anécdota o momento que recuerdes especialmente?

A. C: Me acuerdo de una vez que le dije a un alumno en Tecnología que si un globo que había inflado en clase me lo daba por la tarde, cuando teníamos Tecnología, le ponía un 10. Era a última hora de la mañana y estuvo desde que salió de clase todo el patio del comedor defendiendo el globo, porque sus compañeros querían pincharlo. Luego, en el patio, de repente me vio. Entonces puse la mano y fue a darme el globo. Y alguien se quitó el pendiente y lo hizo: «¡Boom!», justo en el último momento. Estuvo todo un patio. Tuvo un rebote bastante importante, pero bueno, es lo que hay. También era una broma.

R. C: Sabemos que te interesan mucho el cine y la literatura. ¿Qué es lo que más te llama de esos campos?

A. C: La lectura me parece que es una forma tanto de entretenimiento como de aprender. Muchas veces dices: «Me voy a leer un libro de aventuras y me lo voy a pasar bien», pero según qué autor leas, creo que aprendes mucho y te sirve para incluirlo dentro de tu vida. Al final, muchas veces un escritor lo único que hace es volcar sus conocimientos y sus ideas, y te hacen reflexionar y te hacen crecer como persona. Eso lo puedes ver también en las películas. Puede ser una película entretenida: simplemente coges tu cubo de palomitas, te pones a ver una película y te entretienes. Y luego hay cine que te hace pensar, y te hace reflexionar, y te cuenta unas historias… También me encanta el cine. Habiendo trabajado en la tele, la parte audiovisual es una cosa que me gusta mucho.

R. C: Además del cine y la literatura, también te gustan mucho los videojuegos, ¿no es así? ¿Y hay algo que te guste especialmente de ellos?

A. C: Si, los videojuegos me han gustado siempre. Desde que tuve mi primer ordenador —cuando tenía no sé si eran ocho años—, que era el Amstrad CPC. Me volvían loco. Y luego me compré una Mega Drive, que es de Sega. Siempre me han gustado los videojuegos. Los videojuegos también es vivir un poco una aventura dentro de un juego. Ahora ya los gráficos han crecido tanto y se han hecho tan grandes y son tan buenos que son completamente inmersivos. Te metes dentro de la historia y parece que estás viviendo una aventura muchas veces. Muchos videojuegos son una película interactiva. No dejan de ser una peli en la que estás dando botones, y tomas decisiones o eliges alguna cosa que tengas que hacer.

Fotografía por ANA TABARES, ASTRID FERNÁNDEZ y CLAUDIA CEREZO (3ºB ESO)

R. C: Y sobre la historia, ¿por qué te gusta tanto?

A. C: A mí la historia me gusta mucho. Me gusta muchísimo, pero tengo un problema, que es que tengo muy poca memoria. Yo me pongo en un ejercicio de matemáticas y, en el momento en que lo comprendo, lo resuelvo. Pero si pasa mucho tiempo y no hago ese tipo de ejercicios, tendría que ver un poco cómo es y volver a hacerlo. Soy muy malo para las fechas y para los nombres. Pero la historia me gusta porque al final es un poco como una especie de novela, pero en realidad es cómo hemos llegado hasta aquí. Entonces, a mí me parece que la historia es una cosa fundamental: saber por qué estamos aquí de la forma que estamos aquí y por qué pasan las cosas que pasan.

R. C: ¿Qué te gustaría que los alumnos recordaran de ti dentro en unos años?

A. C: A ver, con cariño siempre. Yo intento respetar a los alumnos y creo (bueno: quiero pensar) que ellos me respetan porque los respeto. No lo sé… O sea: que es algo mutuo. Hay alumnos que vuelven y es increíble… Ver a alguien que ya se ha ido de aquí, que está en la universidad o incluso ya ha terminado y está trabajando… Le ves y dices: «¡Jo!, yo le ayudé un poquito, puse mi granito de arena para que esta persona llegase a ser esto».

R. C: Y ya, para finalizar: si pudieras dar algún consejo a los alumnos, ¿cuál sería?

A. C: Pues que hagáis lo que améis. Yo he trabajado trece años en una cosa que cualquiera puede pensar: «Eso tiene que molar muchísimo». Y sí. Pero a mí no me llenaba, y sin embargo estar aquí… Ya, os lo he dicho antes: es que no cambiaría este trabajo por nada. Entonces, haced aquello que os gusta porque así seréis más felices. Creo. No sé [risas]. Es el único consejo que os puedo dar… ¡Ah!: y que aprendáis mucho. Yo soy una persona a la que le gusta mucho aprender, y es algo, ahora mismo, indispensable para la vida y para formarse como persona.

R. C: Vale, pues ya estaría todo. ¡Muchas gracias!

A. C: Nada, gracias a vosotros.


Entrevista y fotos por ANA TABARES, ASTRID FERNÁNDEZ y CLAUDIA CEREZO (3ºB ESO)

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