En Noxara casi nunca había sol. No es que no existiera, sino que con tantos edificios altos casi no se veía. Los callejones siempre estaban llenos de una niebla verde rara que daba mal rollo y que olía como a metal viejo. La gente hablaba mucho de villanos, como si fueran historias que se contaban entre susurros, pero había dos nombres que todo el mundo conocía aunque no los dijera en voz alta: Ash Raven y Luna Dusk.

Ash Raven daba miedo sin hacer nada especial. No gritaba ni se enfadaba, simplemente miraba y ya estaba. Siempre parecía saber más que los demás, como si fuera un paso por delante todo el tiempo. Casi nunca se le notaban las emociones, y por eso muchos pensaban que no sentía nada. Luna no se lo creía del todo.

Ilustración por ANA TABARES (2ºB ESO)

Luna Dusk era todo lo contrario. Nunca se estaba quieta y siempre hacía cosas sin pensarlas mucho. Le daba igual meterse en problemas y muchas veces parecía que buscaba el caos a propósito. Cambiaba de idea rápido y se reía incluso cuando la situación no tenía gracia. Cada vez que se encontraba con Ash, todo se volvía más tenso y raro.

Una noche se encontraron en el Mercado Espectral, un sitio bastante oscuro donde se vendían cosas extrañas y nadie hacía preguntas. Ash había ido porque buscaba un cristal que podía cambiar las emociones de las personas. Sabía que era peligroso, pero lo quería igualmente. Luna también lo buscaba, pero no para usarlo, sino porque no le gustaba nada la idea de que Ash lo tuviera.

—No deberías seguirme —dijo Ash desde una escalera oxidada, sin mirarla directamente.

No sonó como una amenaza, más bien como si lo dijera porque sí.

Luna levantó la mirada y sonrió, como si le pareciera divertido.

—Pues deja de aparecer donde estoy yo —contestó.

Una luz verde salió de uno de los puestos y los iluminó durante un segundo. Los dos se quedaron quietos. Había algo incómodo entre ellos, una sensación rara que ninguno quería decir en voz alta.

Ash pensaba cada movimiento antes de hacerlo, mientras que Luna avanzaba sin preocuparse demasiado, esquivando cosas casi sin darse cuenta. Se cruzaban todo el rato, como si el mercado fuera más pequeño de lo que parecía.

Al final llegaron al mismo lugar. El cristal flotaba sobre un pedestal con símbolos que nadie entendía. Parecía moverse un poco, como si estuviera vivo.

Ash dio un paso hacia delante.
Luna no se movió.

Se miraron durante unos segundos que se hicieron eternos.

El cristal tembló.

Y en ese momento, ninguno tenía claro qué iba a pasar después.


Texto por XUAN XUAN CHEN (1ºB BACH)
Texto por ANA TABARES (2ºB ESO)

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