Las piezas por fin se reunían en el tablero de nuevo. Veinte años llevaban separados, un suspiro para aquellos como yo y una eternidad para el resto. Ninguno había perdido la esperanza de reencontrarse, aun pese a todas las pruebas a las que ambos habían sido sometidos en ausencia del otro. Sin embargo, aún quedaba una última espera, la más corta, a la vez que la más difícil. Tan solo unos pocos metros los separaban, pero la impaciencia sale cara en el juego de la guerra.

Él había llegado hacía tan solo unas pocas semanas, tan magullado y desnutrido como alegre de regresar a su hogar tras veinte años. Su vuelta estuvo plagada de peligros y desgracias, con la ira del dios de los mares desatada a sus espaldas. Mas sabio y astuto es él, que esperó mis consejos antes de dar a conocer su regreso de entre los muertos. Aquello solo habría acabado con su vuelta al Hades.

Ella, prudente ante todos los peligros, logró esperarlo pese a las historias de bocas maliciosas, que contaban tantas falsedades como tiempo estuvieron separados. Con promesas traicioneras consiguió evitar aquello que parecía ineludible, tejiendo de día y deshaciendo todo por la noche, hasta caer rendida. Peor que ningún castigo impartido por cualquiera de mis hermanos y hermanas, tan eternos en vida como en su crueldad y aburrimiento.
Mas lista era ella, que sabía que su astucia no duraría eternamente y un desafío, simple en apariencia e imposible en la práctica, reservaba para el momento adecuado. El desafío del arco eterno, con aquella que fue el arma de su marido, posible de tensar únicamente por sangre de su sangre.
Solo tuve que avisarla de que el momento preciso había llegado. El momento oportuno, creado contra todo pronóstico. Ambos amparados por mis familiares, tanto para bien como para mal. Llegaban al final de una partida que pasaría a la historia con el nombre de su protagonista. La Odisea.
Su llegada no tardó en convertirse en una masacre, con todos aquellos que poco habían tardado en traicionarlo corriendo y luchando por sus vidas. Poco tardaron en caer, pues nadie sería capaz de detener el regreso de Odiseo a su reino. A su familia. A su hogar. Y una vez superado el peligro, no hubo razón para mi presencia entre tan afortunados mortales. Y con la sensación agridulce de un final, volé de vuelta al reino de los dioses, donde relataré su historia a todo aquel que la necesite.

Ilustración por MARINA OLIVARES (4ºA ESO)

Texto por JULIA RESANO (4ºD ESO)
Ilustración por MARINA OLIVARES (4ºA ESO)

Deja un comentario