Volar es algo que todos hemos soñado con aprender. Al dar rienda suelta a nuestra imaginación, pareciera que nuestra mente “echase a volar” y pareciera que, aunque andamos a dos patas, nunca llegásemos a tener los pies totalmente en el suelo, o al menos eso pretendemos. Aviones, helicópteros, son intentos de conseguir volar como aquellos seres que tanto ha inspirado este ardiente deseo, a quienes la evolución ha enseñado las leyes de la aerodinámica, los seres que desafían la gravedad: las aves.

Y es que este grupo de vertebrados tiene la cualidad de alzar el vuelo al horizonte, gracias a una serie de adaptaciones con las que la evolución los ha dotado. Entre ellas encontramos la forma aerodinámica de las alas, que presentan una superficie curva por la que se desliza el aire como si de un fluido se tratase. Además, las plumas confieren la resistencia y superficie necesaria, así como la presencia de huesos ligeros y huecos en su estructura anatómica, junto con los parabronquios, que suministran aire a los pulmones de las aves en pleno vuelo. Existen miles de especies distintas de aves: marinas, rapaces, gallináceas, no voladoras… Pero ¿cómo ha aprendido esta clase de animales a volar?

Para adentrarnos en los orígenes de esta cualidad, debemos atender a su clasificación. Según la clasificación taxonómica linneana, las aves serían un grupo aparte de otros animales, pero es la cladística, el estudio de los animales según sus relaciones evolutivas y filogenéticas, la que sitúa a las aves como un tipo de reptil. Pero ¿qué tendrá que ver una serpiente con un flamenco? En realidad, parece ser que comparten un mismo común denominador, no actual, sino de hace casi 251 millones de años. Efectivamente, para entender su vuelo, nos transportamos al Mesozoico, también llamado “la era de los reptiles”.

Ilustración por JIMENA PEDRERO (2ºB ESO)

Volando a través del tiempo, nos encontramos en lo que una vez se llamó la “Era Secundaria”, hoy en día Mesozoico, pero más concretamente en el periodo que da nombre a una saga entera de películas. El Jurásico es el periodo intermedio entre el Triásico y el Cretácico, entre 201 ma. y 145 ma. Durante este periodo, los continentes, que antes formaban el supercontinente Pangea, se desplazaron, lo que provocó un descenso de la extremidad del clima, así como un aumento de la humedad y mayores fluctuaciones dentro de los niveles del mar.

Por lo que respecta a la fauna y la flora, en el Jurásico, y por extensión todo el Mesozoico, prevalece el desarrollo y dominio de los dinosaurios y los grandes reptiles, entre los que se encuentra el archifamoso Tyrannosaurus rex y como gran reptil, el género Pterosaurios. Además, será en el seno del Mesozoico por el que surgirán los primeros mamíferos; los monotremas, marsupiales y por último, los placentarios. Tampoco os imaginéis grandes mamíferos, estos más bien eran pequeños animalitos, como ratoncitos, o musarañas, siendo solo en ocasiones un poco más grandes. Y conforme a nuestro tema de interés, será en el Jurásico cuando surgirán las primeras aves. Estas serán llamadas paraves o paleornitas, mientras que las aves actuales son denominadas neornitas.

Para dar un escenario a su origen, debemos tener en cuenta la siguiente clasificación. Dentro de los dinosaurios, encontramos el grupo de los ornitisquios y por otra parte, el grupo de los saurisquios. Dentro de este último grupo, diferenciamos otros tres: por una parte los prosaurópodos, como los Plateosaurus. Emparentado con este grupo, encontramos los saurópodos, los grandes reptiles herbívoros cuadrúpedos que abren la escena más icónica de Jurassic Park, como los Diplodocus o Braquiosaurios. Así, solo nos queda un último grupo, el de los terópodos, del que se destacan los Velocirraptores. Es importante que tengamos en cuenta este último grupo, ya que será de este mismo del que se deriven nuestras protagonistas. Y será del lado de los Velocirraptores del que partiremos.

El clado Manirraptores hace referencia a todos aquellos dinosaurios pequeños, que presentan las extremidades anteriores (es decir, sus “manitas”) ampliamente articuladas y funcionales, presentando en algunos casos garras capaces de abrirnos en canal. Y va a ser eso, junto con su dinámica estructura, lo que hizo que la evolución les eligiese como los futuros dueños de los cielos. Al ser pequeños y bípedos, las pruebas indican una posible vida arborícola, que les hubiese obligado a adaptarse a su entorno y desarrollar estructuras para planear, y así saltar de rama en rama. Los grandes descubrimientos que daban la razón a las pruebas fueron los dos géneros de “viejas aves” los que las consagraron como las “primeras aves”. El descubrimiento del género Aurornis y Archaeopteryx daba la vuelta al asunto de la clasificación.

Las aves no venían de los dinosaurios: ¡las aves eran dinosaurios!

El género Archaeopteryx (Ala antigua), fue descubierto en Baviera, Alemania, en 1861, y, de haber sabido de su descubrimiento, Darwin hubiese tenido una firme prueba de la evolución. Y es que en su famoso fósil, se pueden distinguir un mosaico de características reptilianas que convergen con las señas de identidad de las aves. El pico con dientes, las garras en las alas emplumadas, la cola reptiliana con los huesos huecos de las aves…son muchos los indicios que verifican la evolución ¿Y ahora qué, fijistas? No solo existen estas pruebas anatómicas, sino que recientes estudios indican que la resistencia de sus plumas, no solo serviría para planear, sino que Archaeopteryx sería capaz de volar cortas y medias distancias.

Mucho tiempo ha pasado desde que Aurornis o Archaeopteryx surcaron los cielos, pero después de todo, las aves han logrado diversificarse, desde las urbanas palomas, hasta los exóticos guacamayos, pasando por los extintos dodos, las ágiles rapaces o los enormes Gastornis. Las aves dominan los cielos, mirándonos desde las alturas y a nosotros, de momento, nos toca soñar con volar como ellas.


Texto por ESPERANZA PÉREZ (2ºB BACH)
Ilustración por JIMENA PEDRERO (2ºB ESO)

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