Cuando el ruido de los aviones dejó de escucharse, pensé que el silencio traería paz. Pero no fue así. El país estaba hundido en la peor de las miserias. No sé cómo pudimos llegar a ese punto: quizá quien apretó el gatillo primero, quien lanzó la primera bomba o, simplemente, fue el miedo, el hambre o el orgullo. Quizá todos. No me explico como pudimos acabar divididos en dos bandos.

Ilustración por ANA TABARES (2ºB ESO)

Allí me encontraba, en ese desgastado banco en la esquina de mi casa, recordando a todos los que perdimos, todos los que quisieron hacerse oír y todas esas muertes injustas. Había miedo en cada rincón, tuve que callar, como todos, y el silencio inundó las calles.

Llegaron esos cuarenta pesados años y, con ellos, la censura, el control, el dictador y el aislamiento que dejó a España sola y lejos de Europa.

Tras la larga dictadura el legado de Franco llegó a su fin. En el ambiente se respiraba emoción y miedo por lo que vendría después. La gente estaba asustada, no se sabía si vendría otra guerra. 

El terrorismo de ETA empezó a crecer y, con ello, las muertes, los atentados y la inseguridad. La vida continuaba, aunque todos deseaban un cambio.

Finalmente, llegó eso que empezaba a escucharse por las calles: la «libertad». El caudillo había muerto y la llama de la esperanza se había encendido. 

Las cosas estaban cambiando, y España con ellas. La transición era lenta, pero entre las nuevas opiniones, la deseada democracia y todos esos jóvenes que construían la «movida», algo nuevo empezaba a surgir.

La gente quería olvidar, mirar para delante y divertirse: cantando, bailando y creando nuevos estilos y modas que sorprendían al mundo.

El país parecía despertar. La democracia había llegado, tímida pero firme y con un futuro que aún estaba por escribir.


Texto e ilustración por ANA TABARES (2ºB ESO)

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