Vivimos en el apogeo de la biodiversidad, en lo que se refiere a diversidad de especies. Sin embargo, son muchas de ellas las que se enfrentan a la extinción, por la caza y pesca furtiva, o por la destrucción de sus hábitats. Aunque pinte mal esta breve introducción, no debemos perder nunca la esperanza; empiezan a ser muchas las especies que consiguen salvarse de la extinción gracias a la ayuda humana. Con trabajo, esfuerzo y dedicación, asociaciones y gobiernos, han sido capaces de sacar del peligro de extinción a cerca de 28 especies en el último año. Puede no parecer mucho, pero por algo se debe empezar. Cada especie salvada cuenta con su propia historia, pero de todas ellas, me alegra poder contar la de mi animal favorito; el lince ibérico.

Descrito por muchos como un “gato grande”, y por otros como un “pequeño tigre”, el lince ibérico (Lynx pardina) es un antiguo vecino nuestro. Habitando Portugal y España desde hace 1,6 millones de años, nuestro felino es uno de los emblemas de parques nacionales como Doñana o Monfragüe, así como las regiones del Alentejo y el Algarve. Sus apodos se refieren a su tamaño; los linces más grandes no son más largos de 1,1 m. y su peso ronda los 10-13 kg. Nuestro pequeño felino destaca por tener una visión infalible, pudiendo ver en condiciones de penumbra e incluso noche, lo que le confiere hábitos nocturnos. Esta característica ha dado pie a juegos como «El Lince», ya que la visión es clave para ganar a este popular juego de mesa. Pero si hay una característica que le confiere al lince gran parte de su popularidad, es su pelaje. Orejas puntiagudas y largos mechones sobresalientes en su cara hacen de este un animal inconfundible. Sin embargo, este pelaje no es mera decoración; los mechones puntiagudos hacen que se difuminen con el fondo, dándole mejor escondite para cazar.

Fotografía por ESPERANZA PÉREZ (2ºB BACH)

Aunque este adorable vecino haya habitado la península ibérica más que nosotros mismos, el número de linces se ha visto disminuir en los últimos siglos llevándolos al borde de la extinción. Para cuando nos quisimos dar cuenta del impacto que nuestro frenesí humano estaba teniendo en los linces, solo quedaban 70 individuos en toda la península y, al ser una especie endémica, en todo el mundo. Sin más dilación, esta especie fue anotada en la famosa “lista roja”. Las principales causas del descenso de linces, fueron principalmente: la destrucción de su hábitat, el bosque mediterráneo, así como la disminución de conejos, su principal presa y, como no, la caza ilegal de estos felinos. Tampoco es que su conducta ayude mucho; son animales solitarios, territoriales, solo rodeados por un pequeño número de acompañantes como mucho. Con este escenario, pronto nos pusimos manos a la obra.

Doñana y Monfragüe se convirtieron así en las principales reservas de linces en la península ibérica; la cría y cuidado de cachorros era vital para garantizar la supervivencia. Asociaciones y gobiernos trabajaron mano a mano, rastreando linces, evitando peleas mortales entre ellos y criando nueva progenie. Aunque al principio fue coser y cantar, pronto surgió uno de los mayores problemas que atormentó a ambas reservas; los linces estaban entrando en divergencia genética, y si se mantenía alta, el proceso de especiación (por el que se forma una nueva especie) comenzaría. Esto se debió al nulo cruzamiento entre los linces de ambos parques, por lo que su material genético no tenía oportunidad de mayor variación. 

En un intento de frenar el proceso de especiación, la mitad de cada población se intercambió por las otras, solo para comprobar una primera diferencia; el pelaje de los linces de Monfragüe era más oscuro. Sin embargo, en un último intento, cruzaron los dedos para que ambas poblaciones de linces se mezclaran a pesar de las incipientes diferencias. Contra todo pronóstico, las nuevas crías de linces de ambas poblaciones consiguieron seguir adelante, frenando la divergencia genética que amenazaba su conservación. Gracias al trabajo de miles de personas, se ha conseguido, no solo dar voz a nuestro felino local al público, sino sacarlo del peligro de extinción. Hoy en día, el lince ibérico se encuentra en estado de vulnerabilidad, lo que supone una gran victoria para la conservación del mundo natural. No obstante, hasta no superar los 3.500 ejemplares, no se considerará fuera de peligro, lo que exige de nuestra parte responsabilidad para cuidar de nuestros linces, hasta conseguir traer equilibrio a sus poblaciones.

Sin embargo, la conservación no se limita solo al trabajo de campo; la divulgación es crucial. El conocimiento del lince en el público general ha ayudado a la concienciación para la protección de esta especie, porque al final del día, conocer es proteger. Gracias a documentales y artículos, así como campañas de concienciación, el lince ibérico ha pasado de ser un animal local a ser una especie conocida en todo el globo, lo que nos otorga un sentimiento de responsabilidad hacia ellos. Y la divulgación no tiene por qué ser meramente científica. Juegos de mesa populares adoptan el nombre de nuestro felino, así como marcas, extendiendo su nombre a niveles incluso económicos. Incluso la propia casa de la moneda se ha encargado personalmente del conocimiento de estos animales en peligro de extinción, creando una colección de monedas en la que nuestro protagonista figura. 

La historia de recuperación del lince ibérico supone una medalla de honor para el mundo de la conservación. Sin embargo, son muchas las especies que desearían poder compartir su historia, y está de nuestra mano poder ayudarlas a contar la suya propia. Mientras tanto, podremos seguir caminando entre linces en Doñana o en Monfragüe.


Texto y fotografía por ESPERANZA PÉREZ (2ºB BACH)

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