Según el Convenio Internacional de Río de Janeiro, la biodiversidad es el término por el cual se engloba toda la variedad de especies, hábitats y genes que existen sobre la Tierra siendo resultado de miles de millones de años de evolución. Y es que poder llegar a conocer a todos los seres vivos que nos rodea es una tarea que la biología realiza, intentando comprender el por qué de la vida. Aunque nos extrañe, esta gran carrera por entender la vida no es algo nuevo,ya que incluso el mismo Aristóteles se atrevió a intentar comprender la existencia de los seres vivos.  Sin embargo, la gran carrera por clasificar y comprender la vida cobra importancia un poco antes de la Revolución Francesa, con la Ilustración. No obstante, la historia no se inicia con uno, sino con dos grandes pensadores de esta época, que darán paso a muchos otros grandes genios de las ciencias naturales. Esta historia empieza con Carl von Linné y Georges-Louis Leclerc de Buffon.

Carl von Linné, también conocido como Linneo, fue un científico y naturalista. Nuestro protagonista venía de una familia corriente, de Rashult, en Suecia. Muy joven comenzó a interesarse por el mundo natural, atormentando a su padre con interminables preguntas sobre plantas. Sin embargo, tras una mala racha en la escuela, terminó como aprendiz de un médico amigo de su padre. Así, nuestro protagonista hizo gran parte de su carrera en la universidad de Upsala, donde acabaría trabajando más tarde como profesor de botánica. Linneo recopiló grandes y diversos ejemplares de minerales, plantas y animales de toda Suecia, y más tarde con la ayuda de sus estudiantes, de diferentes partes del mundo. Nuestro protagonista siempre se caracterizó por tener una visión sistemática del mundo; no fue más que eso lo que le llevó a crear una de las obras de más importancia en la Biología natural: Systema Naturae , una recopilación y clasificación de los seres vivos. Tal fue el impacto de su obra, que gran parte de la clasificación de los seres vivos actual está ampliamente basada en ella. Organizada en taxones, diferentes ediciones se fueron sucediendo hasta conseguir los grupos de Reino, Clase, Orden, Género y Especie. Además, gracias a su trabajo, a esta clasificación se le añadió la nomenclatura binomial, dando nombres como Homo sapiens. Su trabajo fue inicialmente compartido con Peter Artedi, con quien se había repartido la clasificación de los seres vivos. Sin embargo la trágica muerte de su amigo le dejó como heredero de su legado, completando él mismo la clasificación. Sin embargo, toda rosa contiene sus espinas, y el que Linneo era hijo de su época. Su enfoque fijista desenfocó las relaciones evolutivas entre animales, así como hacerle pensar que, aquellas rocas que parecían restos de animales (los fósiles) eran pura casualidad. Sumado a esto, se debe tener en cuenta que en aquella época, la esclavitud era un hecho. La clasificación de los humanos en 4 subespecies derivó indirectamente en una pseudociencia racista de la mano de la biología social. Si bien son muchos los aspectos negativos que se pueden remarcar, debemos recordar no desplazarse de su contexto histórico. Su trabajo fue grandemente aplaudido en el mundo de la biología. No obstante, nuestro protagonista no vivió para verlo. 

Por otra parte, Georges-Louis Leclerc de Buffon fue un erudito francés de vital importancia en la Ilustración francesa. Desde joven su interés por los libros le llevó a un elevado grado de educación. Sin embargo, su afición por los duelos empañó su reputación en la universidad. Gran admirador de Sir Isaac Newton, nuestro genio no solo desarrolló su trabajo en el ámbito de la biología, sino que también destacó en las matemáticas con el clásico problema de La aguja de Buffon, un método probabilístico grandemente usado. Esto supuso un salto cualitativo dentro de la élite erudita francesa. Esto le propició acabar trabajando en el Jardin royal des Plantes, convirtiéndola en el epicentro de las ciencias naturales. Pronto empezó a componer su obra maestra, aplaudida en aquél momento en toda Europa: Histoire Naturelle en 44 tomos, en los que abordaba con rigurosas descripciones la vida. Su visión complexista de la realidad le brindó adelantarse a los descubrimientos de Darwin o incluso Mendel, augurando que las especies cambiaban conforme a mutaciones en su “matriz”. Demasiado pronto para poder indagar en estos asuntos, sus ideas fueron poco a poco empezando a ver dudosas ante la lupa de la religión. Si bien su muerte fue un duro golpe para la ilustración francesa, esta visión en contra de su obra se fue extendiendo ante el público, cayendo en el olvido. Casi.

Por su parte, el Jardin royal des Plantes se sumó al movimiento prolinneano surgido tras su muerte, en el que todo el estudio de los seres vivos se mantuvo centrada conforme las obras principales de Linneo. Sociedades linneanas se crearon por todo el mundo. Sin embargo, este emblemático jardín fue escenario del desarrollo de grandes genios, como Jean Baptiste Lamarck o Georges Cuvier. Gracias al impulso del primer genio, este jardín no quedó en el olvido ante la revolución francesa. No obstante, tuvo que mantenerse contento con la actividad de las sociedades y entidades linneanas en el poder de la administración del jardín, aunque fuese de los pocos que aún apoyaban a Buffon. Por otra parte, Georges Cuvier, fue un remarcado naturalista, padre de la paleontología y firme defensor de Linneo. Si bien esto parece un poco contradictorio al tener en cuenta que Linneo era plenamente fijista, apoyó sus descubrimientos con lo que llamó “el catastrofismo”. Esta teoría afirmaba que los fósiles encontrados eran de animales ya existentes por una horrible catástrofe, que hizo que se extinguieran y que su nicho ecológico fuera ocupado por otros seres vivos. 

Fotografía por ESPERANZA PÉREZ (1ºB BACH)

Lamarck por su parte, prefirió adoptar una antigua idea de Buffon: la evolución. El Lamarckismo afirmaba la evolución mediante teorías como la del uso y desuso, en la que un órgano se atrofia o mejora según el uso que se le de en vida. Además, se postulaba que los caracteres heredados en vida se pasaban a la siguiente generación y así sucesivamente. Sumado a esto, nuestro genio fue quien acuñó por primera vez el término Biología, como el estudio de todos los seres vivos, sumando las diferentes disciplinas como la botánica o la zoología. Mientras que su trabajo era menospreciado por las sociedades linneanas fijistas, un joven Charles Darwin empezó a desarrollar especial interés en las ciencias naturales. Y es que su trabajo culmen, El Origen de las Especies mediante Selección Natural, no estuvo exenta de polémica. Entre aquellos que hicieron de su teoría el darwinismo social y otros que rebatían su teoría al no saber qué era exactamente a lo que se atenía la selección natural, la solución ante su principal duda se resolvía en un monasterio agustino en Brno. Y es que en ese monasterio, Gregor Mendel se traía entre manos un trabajo que más tarde se traduciría en las bases de la nueva rama de la biología; la Genética. A la entrada del mundo microscópico, se le sumó la teoría celular, un compendio del trabajo de muchos biólogos, entre los que se remarcan los nombres de Theodor Schwann y Matthias Schleiden conocidos como fundadores de esta teoría.

La gran carrera por la vida nos daría material para más de un artículo, ya que han sido muchos los genios que han participado de ella. Los nombres de grandes biólogos protagonizan esta larga historia, y es que la investigación y divulgación es la clave para avanzar en esta carrera. Y es que no sólo investigamos la vida que existe, sino la vida que ha existido. Los grandes misterios de la vida se esconden en el conocimiento que nos queda por descubrir, y la divulgación es sin duda el medio por excelencia para que esta información cobre sentido en este gran descubrimiento de la vida. Grandes científicos y divulgadores como Linneo, Buffon, Lamarck, Cuvier, Darwin, Mendel, Rosalin Franklin, S.J. Singer, G.L. Nicholson, Watson, Crick, Henry Huxley, Margarita Salas, Jane Goodal, Félix Rodriguez de la Fuente, Frans de Waal o Juan Luis Arsuaga son piezas de un puzle mucho más grande de lo que nos podamos imaginar en el que todos y cada uno de nosotros formamos parte. La gran carrera por entender la vida no ha terminado, sigue esperando a nuevos integrantes. Tenemos un futuro prometedor, pero está en nuestras manos. 

En palabras del propio Buffon; existir es coexistir, ser es ser en conversación.


Texto y fotografía por ESPERANZA PÉREZ (1ºB BACH)

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