Siempre me ha gustado el olor de la tinta. Colorida, viscosa, que te recuerda al bosque lleno de árboles y naturaleza. Sin embargo, la razón por la que me encanta la tinta es porque es una espada en las manos adecuadas. Una simple pluma puede decidir el destino de millones de personas. Puede crear un nuevo ser. Puede hacerte pensar de forma diferente acerca del mundo. Puede matarte emocionalmente pero que tu corazón siga latiendo.

Por ello, los escritores pueden ser asesinos y la tinta y el papel son sus armas.

Siempre he admirado a los escritores. Esa sensación de poder crear nuevas historias con algo tan simple como nuestra mente y nuestra imaginación. Sin embargo, no todo el mundo tiene el don de la escritura; los escritores son únicos en su especie. Pueden controlar la mente de sus lectores, haciéndoles sentir nuevas emociones que nunca antes habían experimentado. Pueden crear nuevos seres vivos, darles una personalidad y una razón para estar ahí, para vivir y cumplir su destino. 

Ilustración por JULIA GALLARDO (3ºC ESO)

Pueden crear nuevos mundos llenos de criaturas que nunca antes habíamos visto. Desde las dulces hadas y sirenas hasta los letales dragones y basiliscos. Y aquellos que tengan el coraje para escuchar sus historias podrán dejar volar su imaginación y ser ellos mismos entre esos trozos de papel, cartas, tinta y amor.

Desde pequeña siempre me han encantado esas historias. Esos personajes que cobraban vida y me conformaban en mis peores momentos. Esos personajes y esas historias que podían hacernos sentir emociones tan contradictorias como la felicidad y la tristeza, el amor y el odio. Esos personajes que me enseñaron cómo era perder a un ser querido. Me hicieron creer de nuevo en el amor.  Me hicieron sentir lo que es una verdadera amistad. 

Y por eso, cuando llegó un momento difícil para mí, cuando me estaba ahogando en el mar de monstruos en el que se había convertido mi vida, pedí ayuda a los personajes. Ellos me hicieron reír y sentir amada, refugiándome de la tormenta entre las páginas de sus libros. Y, poco a poco, pude escapar de ese mar, aprendí a nadar. 

Y, como todo en la vida, la tormenta pasó y me di cuenta de que el mar, en efecto, era hermoso. Aprendí a amar y apreciar las mareas, los peces y las plantas, la arena y las conchas… Todo gracias a esos personajes.

Y, en ese momento, me di cuenta de que quería ser escritora. Escribir, crear, imaginar. Quería ayudar a otros a escapar del mundo tal como otros escritores (mis personajes amados) lo hicieron para mí. Quería crear historias para ayudar a las personas que estaban en la misma situación que yo.

Y escribí, y escribí, y escribí. Escribí para cumplir mi sueño: terminar mi libro. Completarlo para compartirlo con el mundo y que la gente pudiera disfrutarlo igual que mientras yo dejaba pequeños pedacitos de mi alma en él.


Texto de IRENE CALVO (1ºB BACH)
Ilustración de JULIA GALLARDO (3ºC ESO)

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