¿Yo? Pues claro, no hay nadie más en este pequeño macetero. Soy esa bonita flor que vivía del sol y de la lluvia, esa que no se cansaba de bailar con el aire. Sí, soy esa rosa.

¿Qué me ha pasado? Nada, cariño, nada, solo el tiempo, que se lleva todo, incluso lo bello. El tiempo, que se encuentra en cada rincón y te arrebata todo lo que amas al igual que te lo da. El tiempo, tan bello y mortal, tan sobrenatural.

Tú, una joven tan hermosa que me mira, que perdió este tesoro del tiempo en observarme, ¿qué haces aquí? En esta casa tan antigua y olvidada que ni siquiera un animal utiliza como refugio, un lugar olvidado como yo, su dueña.

No me mires de esa forma tan inocente, no puedo decirte lo que hace el tiempo aunque supliques, sería un delito ensuciar esa preciosa mente con una tragedia tan grande. Pero, si me miras de esa forma yo te lo diré, por mucho que me duela.

El tiempo, es algo tanto hermoso como horroroso, es eterno y ni siquiera la mente humana podría entenderlo por completo. El tiempo se lleva todo, incluso los objetos materiales, pero también nos trae cosas, tragedias y dolores, amores y felicidad. Le encanta llegar en el mejor momento de la fiesta junto a su mejor amiga, la muerte. Se llevan todo a su paso con su baile agitado, se llevaron mi juventud y se llevaran la tuya.

Pero bueno, pequeña, es hora de que termine, la muerte se acerca y el tiempo vuela, y en mi caso se ha terminado. Me tengo que ir, vive tu vida y nunca escapes del tiempo y la muerte, ya que solo irán tras tI cuando sea el momento. Sus brazos serán cálidos y te acunarán hasta que descanses.


Texto e ilustración de AINOHA RENGIFO (3ºC ESO)

Deja un comentario