¿Qué es la muerte? ¿Cómo la entendemos a día de hoy? Y lo más importante, ¿cómo ha cambiado su percepción a lo largo de la historia?

A día de hoy existen ciertas personas que temen su propia muerte. Otras ya la han asimilado y simplemente esperaban su llegada. Y es que, si nos paramos a pensarlo, la muerte es inevitable. Si estuviésemos preocupándonos cada momento por ella, al final no disfrutaríamos la vida. Así que lo más recomendable sería aceptarla, reconocer que en algún momento nos llegará y dejaremos de estar vivos.

Una vez dicho esto y concienciados de que la muerte es parte de la vida, me gustaría tratar un tema bastante controvertido: la posible inmortalidad. ¿A qué me refiero con esto? Pues estoy hablando de un debate ético bastante importante. La cuestión es la siguiente: si se pudiese ser inmortal, si se encontrase un método científico a través del cuál no se muriese, ¿sería correcto ponerlo en marcha? La verdad es que la pregunta crea bastante controversia porque la vida, tal y como la conocemos, tiene un fin. O sea, alguna vez hemos tenido que oír la frase: «Nunca valoras algo hasta que lo pierdes»; pues con la vida es igual. Es tan valiosa porque tiene un fin. Pero, en contraste, ¿qué pasaría si pudiéramos mantener vivos a algunos de los genios más grandes de la humanidad? Lógicamente esto nos beneficiaría enormemente. Pero, ¿y si el genio en cuestión no quiere ser inmortal?, ¿y si no le parece adecuado seguir investigando, trabajando o desempeñando cualquier otra labor? Hay que tener en cuenta ese dato: Aunque sean brillantes, son personas al fin y al cabo; y tienen derecho a vivir su vida como todos, sin tener que trabajar en su vejez. Por tanto, tienen derecho a negarse.

Otro tema bastante polémico es la pena de muerte. En algunos países hay ciertos delitos que tienen como castigo la propia muerte dado que consideran que el crimen ha sido desproporcionado y que la cárcel no es suficiente. ¿Pero verdaderamente es adecuado matar a un ser humano? ¿Sus delitos pueden ser tan atroces como para merecerlo?

Pero ya basta de hablar del presente, ¿o es que acaso pensamos que somos los únicos que tenemos algo que decir sobre la muerte? Otras civilizaciones ya tenían sus propias maneras de verla acorde a la mitología o a la religión. Incluso en la prehistoria ya tenían ciertas opiniones sobre la muerte. Aunque las pruebas que tenemos son físicas y es complicado entender la psicología a través de ellas, se han encontrado conjuntos funerarios que nos ayudan a comprender su visión sobre la muerte. Y es que los conjuntos funerarios nos dan información muy valiosa, ya que las sepulturas son actos intencionales, expresamente significativos, respondiendo a una selección no casual (o sea, que el simple hecho de enterrar a los miembros de su tribu ya nos indica el respeto que tenían por la muerte). Además, sabemos, por nuestra propia experiencia y por el conocimiento etnográfico de las sociedades preestatales o ágrafas (aquellas que no conocían la escritura y, por tanto, pertenecientes a la prehistoria), que los llamados “ritos de paso” tenían una gran importancia, especialmente el del fallecimiento. Se puede considerar que este rito se realizaba para que el cadáver cambiase de consideración social a ojos del resto de la tribu y pasase a ser un antepasado, no un simple cuerpo sin vida. 

Ilustración por ANDREA PÉREZ (2ºA BACH)

Afortunadamente, tras la invención de la escritura, los restos que nos quedaron empezaron a ser mucho más nítidos, con textos y doctrinas religiosas grabadas en múltiples lugares. Sin ir más lejos, las civilizaciones mesopotámica, egipcia, griega, romana, fenicia y muchas otras tenían sus propios escritos con las mitologías y los dioses que adoraban. Y es que la concepción que tenían de la muerte giraba en torno a unos dioses o figuras mitológicas de gran importancia. Por poner algunos ejemplos, en Grecia y en Roma pensaban que la muerte consistía en el paso del alma al inframundo, que era supervisado por el dios de los muertos, llamado Hades o Plutón, según la mitología. Es por eso que muchos cuerpos eran enterrados con dracmas u otras monedas en la boca, porque se pensaba que había que pagar a un barquero para que te llevara hasta allí. También establecieron diferentes zonas dentro del inframundo según tu comportamiento cuando estabas vivo (campos elíseos, prado de asfódelos o el Tártaro). Otro ejemplo es Egipto, donde enterraban a los muertos en sarcófagos con sus pertenencias. El proceso que más destaca es la momificación (que se usaba para embalsamar los cuerpos). Después, los difuntos pasaban al Duat (el inframundo de los egipcios), donde eran guiados por el dios Anubis ante el tribunal de Osiris. Allí ponían el Ib (el corazón, que simboliza la conciencia y moralidad del muerto) encima de una balanza junto con la pluma de Maat (que simbolizaba la verdad y justicia). Si el corazón pesaba más que la pluma, este era devorado por un monstruo llamado Ammyt. Si el corazón era más ligero, entonces el muerto pasaba a los campos de Aaru y vivía eternamente. Por supuesto, estas creencias no eran las mismas en todas las civilizaciones y estaban influenciadas en gran medida por las diferentes culturas. 

Y en medio de estas creencias, nacieron un par de religiones muy importantes; tanto, que se mantienen vivas a día de hoy. Son la religión cristiana y la religión islámica. Estas pasaron de las antiguas  y tradicionales religiones politeistas, ya que las religiones que había en ese momento tenían más de un dios, a las monoteístas, que tienen un Dios único. Estas últimas tienen una consideración de la muerte bastante similar a las que había en ese momento. Se sigue pensando que el alma va al paraíso o al infierno al morir y los ritos post morten no son muy elaborados. La religión musulmana es la única que se molesta en enterrar a sus fallecidos en una posición concreta, ya que el cristianismo se limita a enterrar los cuerpos tal y como están mientras se consuela a los familiares. 

Durante la Edad Media, estas fueron las religiones que predominaron. Sin embargo, con el desarrollo de tecnologías innovadoras, se lograron nuevos descubrimientos que empezaron a contradecir las antiguas creencias y cambiaron la forma que teníamos de ver la muerte.

Hoy en día, hay muchas personas que siguen creyendo en algunas de estas religiones y sigue habiendo gente que cree que el alma se separa del cuerpo al morir. Y si bien es cierto que hay pruebas científicas que rechazan estas ideas, hay fenómenos que todavía no podemos comprender del todo. Otras religiones han quedado obsoletas y sabemos a ciencia cierta que no son verdad. Aún con todo esto, seguimos celebrando diferentes ritos funerarios (enterrar los cadáveres, tirar las cenizas de algunos cuerpos al mar o a los ríos, o conservar sus cuerpos). Así que podemos decir que los seres humanos tenemos una consideración especial por los cuerpos de los difuntos y sentimos la necesidad de que su defunción sea digna.


Texto por DIEGO DEZA (3ºA ESO)
Ilustración por ANDREA PÉREZ (2ºA BACH)

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