¿Te acuerdas de esos días? Esos días en los que solías jugar y reír sin parar, llorabas solo porque no querías irte a dormir o no te gustaba la comida que preparaba mamá. Pero, mírate ahora, siendo un hombre, estudias y te esfuerzas sin parar para poder en un futuro próximo estudiar. Quieres que tus mayores estén orgullosos de ti, que te amen por alcanzar esas metas… Pero yo te quiero, mi amigo, sin necesidad de demostrarme nada.

¿Y yo qué hago? Te miro, te admiro y te echo de menos, porque aquí me dejaste, un año tras otro, ni siquiera uno de esos antiguos abrazos te dignas a darme. ¿Me echas de menos? ¿Me has olvidado? No sé ni siquiera si mis recuerdos son solo polvo que se lleva el viento o simplemente pequeñas partes de tu vida que ya ni siquiera recuerdas. A lo mejor me echas de menos pero no puedes volver a ser un inocente infante otra vez… ¿Verdad?

Yo te tendré siempre en mi memoria, incluso si te vas, si no vuelves, si me olvidas. Siempre estaré aquí para ti, nunca te abandonaré incluso si tu lo haces. Soy un alma que nunca abandonará tu corazón al igual que la tuya no dejará el mío. ¿Y por qué? Porque un amigo es para siempre, como solías decirme.

Ilustración por DESIRÉE REALPE (ALUMNI)

¿Te acuerdas cuando me perdiste en el autobús? Llorabas cada día que subías y yo te escuchaba con dolor; tu llanto perforaba mi alma y corazón y odiaba ese sentimiento. No dejaste de lamentarte hasta que me encontraste entre los asientos del fondo, yo estaba sucio y cubierto de polvo pero me seguías queriendo. Ese día me llevaste contigo a casa otra vez, me abrazaste sin parar y me encantó estar de nuevo contigo. Cuando dormías abrazado y tenías pesadillas porque pensabas que me perdías otra vez, yo estaba allí para ti. Yo siempre estuve allí, en las buenas y en las malas, y siempre lo estaré. Solo porque somos amigos.

Pero ahora me siento vacío, siento como un hueco que se va abriendo paso en mi corazón. ¿Acaso puedo sentirme así? Es raro, como si mi interior se revolviera, como si tuviera un gran nudo en el estómago y un dolor en la garganta que suprime mis lamentos. Ni siquiera sé cuándo cobré vida, no se cuándo comencé a sentir esto. Tampoco sé cuándo me encariñé tanto. Porque sí, me encariñé, demasiado diría yo.

Y, sí, soy yo, mi querido y pequeño niño, soy yo, ese peluche de la esquina de tu habitación, ese que dejaste encima de la estantería. Ese que ahora solo te mira y solloza en silencio.


Texto por AINOHA RENGIFO (3ºC ESO)
Ilustración por DESIRÉE REALPE (ALUMNI)

Deja un comentario