En nuestro día a día, somos afortunados de poder contar con los privilegios que proporcionan nuestros conocimientos. Con el ritmo de vida actual, es casi imposible poder seguir con nuestra rutina sin electricidad, médicos, y todas las facilidades que nos proporcionan. Sin embargo, aunque gozamos de un gran repertorio de ciencias desarrolladas, gracias a dicho progreso, hoy en día hay nuevas especialidades en auge, entre ellas, la genética. Muchos medios de comunicación describen esta era dorada de esta rama de la biología como “el siglo de la genética” según el periódico El País.

Y es que es durante estos años cuando más se ha progresado en esta disciplina. Logros como el Proyecto del Genoma Humano han logrado secuenciar y mapear el genoma del ser humano en su totalidad, y los proyectos de secuenciación masiva nos arrojan luz sobre la gran diversidad genética. Tal y como escribe Carmen Sabalete en la revista Muy Interesante, “Hoy vivimos en plena revolución genética” y nos adentramos hacia un posible descubrimiento de nuevas técnicas revolucionarias en genética. Si bien el futuro parece ser prometedor, ¿qué es lo que nos ha traído hasta este punto?

Aunque el famoso biólogo Charles Darwin es conocido por su famoso manuscrito El Origen de las Especies mediante Selección Natural, su teoría se desequilibró por el desconocimiento de los genes. No fue hasta la recuperación del trabajo de un monje agustino en la actual República Checa cuando este concepto fue desarrollado. En 1856, Gregor Mendel comenzó a experimentar en el jardín del monasterio de St. Thomas en Brünn, no sabiendo que inauguraría una nueva disciplina científica. Gracias a sus experimentos, sin ir más lejos, se lograron identificar más de 29000 variedades de guisantes. Pero, ¿por qué guisantes?

Ilustración por ESPERANZA PÉREZ (1ºB BACH)

En sus inicios, nuestro científico se dedicó a explorar las diferentes características de estas plantitas que cultivaban en el jardín de su monasterio. Se fijó en la diferencia de las semillas (redondeadas o arrugadas) en sus tallos (largos o cortos) o en el color de los guisantes (amarillos o verdes). Sorprendentemente, se dio la casualidad de que estas características externas coincidían con genes individuales, lo que facilitó su identificación. Su experimento se basó en el cruzamiento de diferentes plantas para poder ver las características de su descendencia.

Como inciso, se deberían explicar ciertos conceptos para facilitar la comprensión del experimento. En genética mendeliana, se hablará de generaciones filiales, y estas coincidirán con la descendencia de las plantas con las que se esté experimentando. Es decir, cuando dos plantas sean cruzadas (que haya fecundación y tengan “hijos”) esa descendencia se llamará Primera Generación Filial. Y cuando dicha generación se reproduzca, la descendencia de la descendencia será denominada como Segunda Generación Filial. Además de estos conceptos, se debe hacer hincapié en las diferencias entre alelos dominantes y recesivos. 

Volviendo así a los experimentos de Mendel, gracias al cruzamiento entre diferentes guisantes, se pudieron sacar a luz las divergencias entre estos alelos. Con estas uniones, se vio que las características que no estaban presentes en la primera generación filial, si esta se cruzaba, en la segunda generación filial se recuperaban aquellas características derivadas de los alelos recesivos. Así pues, se enunciaron las tres leyes de Mendel; la ley de la Uniformidad de la Primera Generación Filial, la ley de la Segregación y el Principio de la Transmisión Independiente.

Así, el Principio de la Transmisión Independiente afirma la separación de los alelos de dos o más genes diferentes, los cuales son repartidos de manera independiente entre ellos; la Ley de Segregación explica cómo el nuevo individuo solo recibe uno de los dos alelos de cada ser parental y la Ley de la Uniformidad de la Primera Generación Filial.

Ya explicada la teoría, intentemos imitar a Mendel, tomando como característica de estudio, el color de los guisantes. Tomaremos dos plantas, una amarilla (AA) y una verde (aa) y las cruzaremos entre ellas. Así, cada plantita recibirá una copia de cada una. Para poder representar mejor el cruzamiento, usaremos un cuadro de Punnett. Por ende, los cruzamientos quedan tal que así

GAMETOSAA
aAaAa
aAaAa

Al ser el alelo amarillo dominante y estar presente en todas las plantitas, todas ellas serán amarillas (ley de la Uniformidad de la Primera Generación Filial)

Ahora, repitamos este cruzamiento entre las plantas de la primera generación filial, y observemos qué sucede. Se cruzarán dos plantas que son amarillas (Aa), pero esta vez, la ley de la Uniformidad de la Primera Generación Filial quedará obsoleta, quedando en estas proporciones: 

GAMETOSAa
AAAAa
aAaaa

Para sorpresa nuestra, esta vez se ha recuperado una característica perdida en la primera generación: tenemos 3 guisantes amarillos, y uno verde. Por ende, quedan en proporción del 75% amarillos y un 25% verdes.

Si quisiéramos complicar estos cruzamientos, también se podría trabajar con dos genes a la vez, es decir, color y forma de semilla, o extensión del tallo y color… y tras combinarlas, las proporciones se darían conforme al patrón 9:3:3:1, es decir, si contáramos con dos plantas que sean (AaLl) siendo A/a el gen del color y L/l la forma de la semilla (redonda que predomina sobre rugosa), nuestro cuadro de Punnett quedaría tal que así:

GAMETOSALAlaLal
ALAALLAALlAaLLAaLl
AlAALlAAllAaLlAall
aLAaLLAaLlaaLLaaLl
alAaLlAallaaLlaall

Como se puede observar, se mantiene la siguiente proporción: 9 guisantes amarillos con semilla redonda, 3 guisantes amarillos con semilla rugosa, 3 guisantes verdes con semilla redonda y solo 1 guisante verde con semilla rugosa.

Estos resultados fueron recuperados 30 años después de su realización. Sin embargo, gracias al trabajo de Gregor Mendel, la genética se ha desarrollado como una de las disciplinas en auge actualmente. Los grandes descubrimientos como el de Watson y Crick con la molécula de ADN nos han acercado al fascinante mundo del genoma. Han sido muchos los científicos que han contribuido muchísimo, pero Johann Gregor Mendel siempre será recordado como el Padre de la Genética.


Texto e ilustración por ESPERANZA PÉREZ (1ºB BACH)

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