Yo… ¿Quién soy? ¿Una idealización? ¿Una persona? ¿Una más en el mundo? ¿Por qué existo?… ¿Qué estoy haciendo?
Me desperté en mi habitación y lo único que hice fue mirar mi reflejo en ese gran espejo, ¿qué espejo? El de la sociedad quizás, uno en el que tienes dos caras, como una moneda, ellos ven tu reflejo, una idealización… Pero, ¿qué veo yo? Yo veo mi ser, con sus defectos, con sus imperfecciones.¿Quién eres? Pregunta la persona a través de ese cristal, yo la miro sin parar, sin poder respirar. Esa chica desconocida me mira de pies a cabeza, me lee la mente, es perfecta, es la forma en la que me ve la sociedad probablemente. Una persona que no puede torcerse, así es como he decidido que me vean. Sin embargo, es una fachada que se derrumba con los años.

—¿Quién eres tú? Eres parecida a mí pero muy… ¿Distinta, quizás? Algo rota tanto por dentro como por fuera, un muro a punto de caer con el pasar del tiempo.
Sí, mi espejo habló, con esas simples palabras mi fachada se derrumbó, sí, el espejo se rompió. De repente esa chica perfecta apareció frente a mí, cogió mi mano aturdida por lo que veía. Me preguntó qué es lo que me pasaba, por qué mi mano temblaba.
Lo único que me pasó por la cabeza fueron los momentos en los que ella triunfaba mientras yo me escondía de la sociedad para no fallar y opacarla. De repente, la abracé, me derrumbé y ella desapareció, se fue, desvanecida gracias a mis lágrimas. Gracias a mi tristeza, porque me rompí, me volví imperfecta, me volví lo que otros no veían, una persona y no un reflejo.
Tras unos segundos, volví a la realidad, en mi habitación mientras lágrimas caían de mis ojos, solo miraba mi espejo con extrañeza, ¿por qué había imaginado eso? Tal vez nunca habría respuesta. Me levanté, me vestí y salí por la puerta delantera hacia el lugar donde la gente se esconde y solo deja salir a su reflejo, un lugar que todos conocemos, la sociedad, un mundo lleno de dolor en el que todos nos cubrimos y protegemos con ese reflejo de perfección.
Texto por AINOHA RENGIFO (3ºC ESO)
Ilustración por MARA EXNER (1ºA BACH)






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