Como hemos podido comprobar en la anterior entrevista con la profesora Susana, cada profesor esconde una historia mayor de la que nos podemos imaginar. Tras el personaje que vemos en el aula, existe un mundo que en estas entrevistas intentamos desvelar, sus aficiones, gustos, intereses… y a veces sus historias no hacen más que impresionarnos. ¿Llegaremos algún día a conocerlos realmente?
Hoy se nos presenta un nuevo personaje; la historia de un amante de la música, ciencia y literatura. Desde pequeño la curiosidad le llevó a la ciencia, la literatura y la música le acompañaron hasta hacer de ellas uno de los ejes de su vida. Sin lugar a dudas, hablamos de Alejandro Arrieta, un profesor de física con alma de escritor.
REVISTA COPOS: Hola Alejandro, gracias por conceder a la revista unos minutos de tu tiempo. Realmente estaba esperando este encuentro.
ALEJANDRO: Hola, encantado, gracias a vosotros. Puedes empezar cuando quieras.
RC: Bueno, empecemos desde el principio de la historia. ¿De dónde surge tu pasión por la ciencia, la literatura y la música?
A: Desde que era pequeño siempre me interesaron muchísimo la música, la literatura y la ciencia. Podría decirse que siempre han sido y siguen siendo los tres ejes conductores de mi vida. La ciencia porque desde pequeñito fui muy curioso y preguntón. En mi casa había unas enciclopedias que regalaban con El País por fascículos, encuadernadas. Me llamaban mucho la atención. En ellas se hablaba de todo tipo de cosas: del sonido, del universo, de Historia…por otra parte, mi padre siempre se dedicó a la música. Murió cuando yo tenía tres años y con cinco comencé a recibir clases de piano. Durante mi adolescencia aparqué a Beethoven por Offspring y Dover y aprendí a tocar el bajo y la guitarra eléctrica. Mi amor por la literatura me surgió ya bien pequeño. Aprendí a leer con tres años y todo lo que caía en mis manos lo leía: enciclopedias, artículos de prensa… fuera lo que fuese me lo leía. Años después, en el instituto, tuve un profesor que nos enseñó a escribir. De hecho tuvimos que escribir dos novelas, una en 1º de la ESO y otra en 2º. De esta manera nos enseñó a organizar nuestras ideas. Lo curioso es que años después descubrí que empleaba ejercicios de escritura creativa al estilo de los de la Escuela de Escritores de Nueva York.
RC: Y entonces ¿por qué escogiste estudiar física?
A: Existen ciertas preguntas… ¿por qué los colores son colores? ¿Qué es eso de los átomos?, ¿Qué lugar ocupamos en el Universo? Eso siempre me llamó la atención. Pronto entendí que si había respuestas, estaban en la ciencia. Todo dio un vuelco cuando conocí a María Jesús Bermejo. Me dio clase de Física y Química en 4º de la ESO y de Física 2º de Bachillerato. Disfrutaba muchísimo dando clase. A día de hoy sigo utilizando los trucos que ella, como profesora, me enseñó. En 4º resolví que estudiaría física y que muy probablemente acabaría siendo profesor, aunque muy gustosamente hubiera también estudiado biología, filosofía o lingüística. Un instituto, en comparación con otros entornos laborales, es muy divertido. Además, me encanta tratar con la gente. En resumidas cuentas, creo que éste es mi lugar en la vida.

RC: Otra de tus pasiones habías dicho que era la literatura. ¿Cuál es tu género favorito?
A: La novela, sin lugar a dudas. Con dieciséis años solía leer a J. M. Coetzee, un sudafricano blanco que narra la brutal realidad que allí se vive: la violencia con la que se tratan los jóvenes, el racismo (en ambos sentidos)… recuerda mucho a la película Diamante de Sangre. Con 20 años leí un libro que me fascinó: La broma, del checo Milan Kundera. Es, fundamentalmente, una historia de desamor en la que al protagonista lo mandan a un gulag por hacer un chiste. ¡Un chiste! Esa mirada cínica y tragicómica de la Chequia soviética me cambió la vida. A día de hoy, mis escritores favoritos son Michel Houellebeq y Jaime Bayly, y últimamente estoy leyendo a Mario Vargas-Llosa. Me parece alucinante su capacidad para trasladarse a lugares y épocas en las que nunca ha vivido, como el Congo de la época colonial belga del rey Leopoldo. Las novelas son el medio de expresión más sincero y salvaje. Es imposible encontrar nada en ningún otro espacio que se asemeje a la crudeza que hay en ellas.
RC: ¿El cine te gusta?
A: En la vida hay un tiempo limitado, así que ahora fundamentalmente leo, pero el cine me parece el arte definitivo: bebe de la literatura, la música, la pintura… Lo que más me ha impactado audiovisualmente ha sido Juego de Tronos. Mis películas favoritas son Olvídate de mí (The eternal sunshine of the spotless mind), protagonizada por el gran Jim Carrey, American Beauty, El Piano, Adaptation y La cena de los idiotas.
RC: Volviendo a la física, ¿cómo fueron tus estudios en la universidad?
A: Sólo diré que me vi a un paso de huir a Biología. Las clases nunca fueron como las imaginaba en el instituto. La desmotivación de los profesores universitarios resulta desoladora. Terminé Física un poco por orgullo: es importante acabar lo que uno empieza. Traté de escoger los mejores profesores y fui avanzando a la vez que trabajaba repartiendo periódicos, dando clases en una academia…. todo mejoró con mi Trabajo de Fin de Grado: diseñé una red neuronal que reconocía imágenes. Así me introduje en la IA, y gracias a eso accedí a un grupo de investigación del hospital Carlos III, donde investigamos el origen del lenguaje y la gramática… tuve la oportunidad de conocer al gran Arsuaga. Fue una época preciosa, pero luego no hubo fondos y trabajar sin cobrar me pareció inasumible. Después estaría un tiempo en el sector de la IA (en un escudo antimisiles, más concretamente), luego volví a trabajar de profesor, y tras dar clase en varios institutos acabé aquí.
RC: Por último Alejandro, ¿qué es lo que le recomendarías a los alumnos?
A: Les diría que los estándares de exigencia de formación para los empleos no paran de subir. En la Edad Media uno podría ser analfabeto y ganarse la vida. En el siglo XX había que estar, como mínimo, alfabetizado. Hoy en día un trabajador medio sabe programar. Vosotros tendréis que formaros en inteligencia artificial. Es una falacia eso de que van a destruirse muchos empleos. En la Primera Revolución Industrial se perdieron muchos trabajos pero se crearon miles de ellos que antes no existían. La Historia es un proceso permanente de creación destructiva. La gente se adaptó afinando su formación. Ahora se está automatizando el sector servicios. Lo queráis o no tendréis que convivir con la IA. El mundo cambia muy rápido y es necesario hacer un esfuerzo por entender hacia dónde van las cosas. Es complicado, pero… it’s evolution, baby, como cantaba Pearl Jam. También les diría que se esfuercen por ser tolerantes. Los tiempos convulsos son el caldo de cultivo ideal para los cantamañanas. Es muy fácil echarle la culpa a los inmigrantes, a los ricos… y en una década puede destruirse lo que se ha edificado en siglos. Tenemos mucha suerte de haber nacido aquí y ahora. Dejemos un mundo mejor, más abierto, con más amor y menos odio al prójimo.
RC: Muchas gracias Alejandro, un placer poder hablar contigo.
A: Gracias a la revista y a quienes la hacéis funcionar ¡Adiós, revista Copos!
Texto y fotografía por ESPERANZA PÉREZ (1ºB BACH)






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