El verdadero regalo de la navidad. Por ANA TABARES (1º ESO)
Había una vez un niño llamado Lucas que tenía 10 años y vivía en un pequeño pueblo de Noruega. A él le encantaba la Navidad y cada año esperaba con emoción que nevase, para poder montar en trineo con su perro Copito. El 21 de diciembre, la nieve cubría toda la ciudad, así que decidió salir a divertirse.
Cuando estaba en la cima de una pequeña montaña, se lanzó, perdió el control del trineo y se cayó al suelo golpeándose muy fuerte contra un árbol. Copito fue a buscar ayuda y Lucas terminó inconsciente. Cuando se despertó, se dio cuenta de que estaba en el hospital y no recordaba como había llegado allí.
Días después, cuando por fin regresó a su casa, celebró la navidad con su familia. Recibió un regalo increíble: una PlayStation 5. Sin embargo, se dio cuenta de que lo más importante de la Navidad no eran los regalos, sino poder estar con tu familia y disfrutar de los buenos momentos con ellos.
La Navidad que lo cambió todo. Por ASTRID FERNÁNDEZ (1ºESO)
Flake era un joven muchacho al que le encantaba Halloween y, sobre todo, el miedo. Vivía en un pequeño pueblo apartado de la sociedad en el que no había ni una pizca de felicidad. Lo único que había era un continuo terror. Por eso mismo, odiaba la Navidad, al igual que el resto del pueblo.
Un día, sus padres le dijeron que esa Navidad iban a ir a Vigo, la ciudad de las luces navideñas. Flake estaba muy enfadado, pero no le quedó otra opción que ir con ellos.
Además, pensó que podría hacer alguna travesura. Esa tarde, cuando llegaron, salieron a dar un paseo para ver las luces y el mercadillo. Flake estuvo enfadado toda la tarde y haciendo travesuras como tirar piedras a las luces. Nada más llegar al mercadillo, empezó a escuchar villancicos, las alegres voces de los compradores, los puestecillos con su comida navideña, decoraciones para el belén, juguetes… Y lo más importante, a la gente feliz. Le empezó a subir un hormigueo que se fue extendiendo de pies a cabeza e inundando de alegría su corazón: era el espíritu navideño. A partir de ahí, empezó a ser bueno y todas las navidades las pasaban muy felices en Vigo.
La Navidad mágica de Gonzo. Por JIMENA PEDRERO (1º ESO)
Era Navidad, y Gonzo, un perro travieso, soñaba con conocer a Papá Noel. El 24 de diciembre, Gonzo iba a salir a la calle, cuando de repente escuchó un sonido en el cielo, al principio Gonzo se asustó, después sonó una campana, ¡Era el trineo de Papá Noel!, que había aterrizado en su jardín. Al verlo Gonzo se sorprendió mucho y decidió salir corriendo para ver qué le pasaba a Papá Noel.
Al parecer, uno de sus renos estaba resfriado. Al escuchar esto, Gonzo sintió tristeza, él pensaba que los regalos nunca se iban repartir, y los niños de todo el planeta se pondrían tristes.
Pero a él se le ocurrió una gran idea, que consistía en ayudar a repartir los regalos. Rápidamente Papá Noel aceptó, y se llevó con él a Gonzo, como ayudante oficial.
Después de la entrega, Papá Noel y Gonzo se sentían agotados y sin fuerzas. Igualmente, Papá Noel le agradeció mucho la ayuda, el trabajo, el tiempo dedicado y el esfuerzo hecho a Gonzo.
Como recompensa, Papá Noel le regaló un superpoder especial, ese superpoder le daba la capacidad de poder volar. Agradecido Gonzo aceptó. Finalmente, los dos se despidieron, y Gonzo salió volando a su casa.
El espíritu navideño. Por CLAUDIA CEREZO (1º ESO)
En la ciudad de Estrasburgo estaba Emma con su hermana y sus padres, una familia de lo más encantadora.

Una navidad decidieron ir a su pueblo porque era tradición de todos los años aunque el pueblo de Emma parecía un pueblo abandonado, muy poca gente estaba ahí, y la poca gente que había era muy amargada y seca. Pero eso a Emma y a su familia no le importaba, ellos lo que querían era compartir el espíritu navideño por donde pasaran. Cuando llegaron al pueblo las calles no tenían casi luces y la gente ni saludaba así que decidieron que como propósito iban a conseguir que este pueblo viese la felicidad por primera vez. Solo quedaba una semana para navidad y la madre de Emma no esperó ni un segundo y enseguida se fue a comprar toda la comida que pudiera, porque habían decidido que iban a celebrar una gran cena navideña para todo el pueblo. Emma y su hermana, por otro lado, se encargaron de la decoración. Recogieron luces, velas y otras cosas para decorarlo con todo tipo de adornos. Poco a poco, la casa de Emma comenzó a brillar con luces y colores, y la noticia de la cena navideña se extendió por todo el pueblo. El día de la cena, la gente del pueblo comenzó a llegar un poco tímida y confundida. Al principio, se quedaron extrañados, al ver la alegría y el entusiasmo de la familia de Emma. Pero a medida que la noche avanzaba, la música, la risa y el espíritu navideño llenaron el aire. La gente comenzó a sonreír, a charlar y a bailar. La comida era deliciosa y el ambiente cálido y acogedor. Al final de la noche, el pueblo ya no parecía el mismo de antes. La familia de Emma había logrado su propósito. Habían compartido su espíritu navideño y habían traído felicidad al pueblo.
Ilustración por EMMA OLIVADOTI (1º ESO)





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