Si alguna vez se nos ha dado alguna impresión sobre la vida salvaje en la naturaleza, la violencia siempre parece la clave de la supervivencia. En todo el mundo es conocida “la ley del más fuerte” pero ¿y si la naturaleza no es tan agresiva? La supervivencia es vital en estos escenarios, pero, hoy en día, los bonobos son un claro ejemplo de una sociedad colaborativa entre ellos.
Los bonobos (Pan paniscus), antiguamente llamado chimpancé pigmeo, es, sin lugar a duda, de los simios más pacíficos que viven en nuestro planeta. Nuestro simio, hasta 1920, fue estudiado como un tipo de chimpancé hasta que en dicha fecha, por fin se clasificó como una especie diferente. Estos primates habitan en las selvas tropicales de África, más concretamente en las no montañosas. Estas se comprenden entre los trópicos y el ecuador, aunque, actualmente, su hábitat ha sido desplazado a la zona central de la República Democrática del Congo, donde habitan cada vez menos grupos de bonobos en libertad.
Adentrándonos más en un aspecto más técnico del bonobo, podremos aclarar el porqué de la confusión de juntarlos con los chimpancés en un inicio. Este simio presenta una capacidad craneal igual a la de dichos primates: 350 cm3, unas 4 veces menor a la capacidad craneal humana. Característico de todos los primates, incluidos nosotros, sus manos y pies presentan dedos prensiles, pero debido a la elongación de sus dedos y su pulgar corto, a nuestro bonobo se le hace muy difícil agarrar objetos con mucha firmeza. Sin embargo sus pies son extraordinariamente precisos, pudiendo adaptarlos a diversos modos locomotores e incluso llegar a sostenerse a dos pies sin ser bípedos. Su dieta se basa en frutos, al igual que hojas, semillas, cortezas, hierbas, y en menor medida pequeños vertebrados e invertebrados. Dependiendo de su estado, si el bonobo se encuentra en libertad, puede llegar a vivir hasta los 40 años, y si este está en cautividad, incluso puede llegar a los 50.
Por muy lejanos que parezcan a nuestra especie, se ha de destacar que, al igual que la especie humana, los bonobos han perdido la mayoría de su pelaje corporal, además de tener flequillo y curiosamente, labios rosados como los nuestros. Si estas características no nos unen lo suficiente, estudios recientes han demostrado que los bonobos y los humanos compartimos un 98,4% de nuestro genoma (ADN) siendo uno de los simios más parecidos a nosotros junto con los chimpancés, gorilas y orangutanes.

Todos estos datos son realmente interesantes, pero ¿qué es realmente lo que les hace destacar sobre el resto de primates? Pues es, sin ir más lejos, la manera en la que se organizan con el claro objetivo de sobrevivir. Los bonobos son animales diurnos, que se organizan en grupos de unos 5 a 50 bonobos. La clave de poder mantener grupos tan grandes es su forma de vida pacífica y mayoritariamente igualitaria en las que el matriarcado es la forma de organización. Cuando dos bonobos se ven enredados en un problema, en vez de ser violentos, las hembras son las encargadas de volver a restablecer la paz entre ellos. Es más, cuando un miembro del grupo ha sido agredido por otro que no forma parte de este, se han registrado actos afectivos para con la víctima, es decir, abrazos, caricias… Todo eso con el fin de conseguir establecer relaciones basadas en la empatía y afecto entre bonobos.
Tristemente, nuestros queridos primates se encuentran en peligro de extinción, mayoritariamente por la caza furtiva de bonobos. Además, se debe tener en cuenta el gran coste ambiental de las guerras, causa de su extinción, al igual que la deforestación de sus bosques para la ganadería y agricultura. El bonobo es la especie de gran simio más amenazada del planeta. En 1984 más de 100.000 bonobos habitaban los bosques del Congo. En la actualidad solo quedan unos 5.000, según los científicos de World Wildlife. Si sigue igual, para el 2050 nos habremos quedado sin bonobos en libertad. Para esta especie, su única esperanza reside en parques naturales y nacionales, junto con la labor de conservación y cría en cautividad del zoo.
Sin duda, los bonobos han sido capaces de organizarse estableciendo una base empática y afectiva entre ellos, demostrando una vez más que la lucha por la supervivencia no siempre lleva el camino de la violencia. Esto es un claro ejemplo de cómo la naturaleza puede enseñarnos y, según cada uno de nosotros, hacer nuestra propia reflexión a partir del comportamiento de los bonobos para mejorar nuestra sociedad día a día.
Texto por ESPERANZA PÉREZ (1ºB BACH)
Ilustración por JULIETA HERNÁNDEZ (4ºA ESO)





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