Hoy en día, en España se estima que la sociedad está envejecida debido a la falta de natalidad. La verdad es que no es un problema reciente, la edad media de los españoles ha crecido a lo largo de su historia. Y no sólo la de España. En nuestra sociedad actual, el ser mayor es una realidad, pero eso no implica que sea algo natural. Es muy fácil salir a la calle y encontrarse a una persona mayor, pero ¿alguna vez has visto en la sabana a un león viejo?

Antes de responder a la pregunta, se debe aclarar un punto de importancia. Aunque puede ser impactante, ser viejo y estar envejeciendo no son los mismos conceptos. Envejecer es un proceso por el cual crecemos, nos hacemos mayores por nuestro propio ritmo de vida. Ahora, ser viejo es exceder la esperanza de vida de una especie, es decir, si una especie tiene una esperanza de vida de 70 años, viviría unos 80, que es el caso de nuestra especie.
Ahora bien, respondiendo a la pregunta: no; en estado salvaje no existen animales salvajes viejos; solo plenitud o muerte. Para entender esto mejor, primero se pondrá un ejemplo muy fácil. Las aves rapaces se caracterizan por sus grandes habilidades para cazar. Su vuelo preciso es una de sus características más sobresalientes. En el momento en el que cualquier rapaz se rompa una de sus alas, sólo podrá esperar la muerte mientras intenta aferrarse a lo poco que le queda de vida. Sin duda, es un destino cruel, pero ¿cómo se alimentará entonces la rapaz sin poder cazar?
Lo mismo para con aquellos genes perjudiciales. Aquellos animales que poseen genes no favorables a la evolución son eliminados antes de su reproducción. La selección natural, la mano detrás de la evolución de las especies, no aprende de los fallos, solo de las victorias evolutivas. Mueren sin descendencia aquellos que no son victorias evolutivas para ella. En el momento en el que las características han sido transmitidas, al individuo sólo le queda sobrevivir, es decir, comer e intentar no ser comido.
Sin duda, el ser humano ha logrado escapar de la cruel supervivencia que la naturaleza demanda, pero ¿a qué precio? Al no estar expuestos a dichos peligros nuestra supervivencia se hace, por así decirlo, mucho más sencilla. No hay depredadores, no grandes accidentes, nada que nos amenace. Así, estos individuos que contienen genes son ignorados por la selección natural. Esto conlleva al almacenamiento de estos genes en nuestro genoma.
Como estos individuos no son eliminados antes de reproducirse, estos genes se extienden por el resto de la población. A esto se le añade la prolongación de nuestro máximo de vida. Aquí es cuando se dan fallos estructurales, empiezan a fallar huesos, aparecen enfermedades… Sólo imaginemos este escenario, pero en la naturaleza. Ese individuo no tendría ninguna esperanza para sobrevivir.
La vejez, como hemos podido entonces deducir, es una acumulación de defectos genéticos y un sobreúso de las estructuras provocados por su no eliminación por la selección natural. Al no poderse ver en la naturaleza, se consigue al domesticar a dichas especies, incluyendo así al propio ser humano. Mucho se ha especulado sobre la inmortalidad, o al menos, el poder vivir más, pero ¿qué precio estamos dispuestos a pagar?
Texto por ESPERANZA PÉREZ (1ºB BACH)
Ilustración por JULIA GALLARDO (3ºC ESO)






Deja un comentario