Cuando trataron de callarme, grité.
TERESA WILMS MONTT
La mujer a lo largo de la historia ha sido víctima de la superioridad masculina en todos los ámbitos de la sociedad: social, político, científico, artístico, familiar… Roma, la civilización que logró formar un gran Imperio, no es una excepción dentro de este aspecto.
Históricamente, la mujer romana fue relegada, al igual que en Grecia, a un segundo plano. En cambio, a diferencia de algunas sociedades griegas, como la ateniense por ejemplo, el papel de la mujer en Roma no se limitaba únicamente a las tareas del hogar. Las mujeres romanas eran ciudadanas y ejercían como tales ya que, además de detentar esa categoría legal, expresaban su opinión sobre temas políticos, pagaban impuestos, eran incluidas en el censo, participaban en los rituales cívicos y tenían un papel relevante en la vida pública. Sin embargo, a pesar de contar con cierta inclusión social, esta no era suficiente.
Es un hecho que las mujeres romanas no podían votar leyes o elegir magistrados, de esta forma no se les tenía permitido tomar la palabra en la esfera pública o tener un poder efectivo. No podían hacer testamento y estaban de por vida sometidas a tutela masculina en todos los negocios jurídicos que realizaban. Incluso en algunos casos no heredaban ni podían disponer de sus bienes en favor de sus propios hijos. Con esto nos adentramos en el ideal femenino al que debía ajustarse toda mujer respetable: el de la matrona. Su misión era tener hijos e hijas en el marco de un matrimonio controlado y educarlos en los valores tradicionales, por tanto, desde la infancia, las niñas eran encaminadas a cumplir ese papel.

Habiendo planteado las desigualdades generales que sufrían las mujeres de la Antigüedad, me gustaría mencionar a tres grandes mujeres romanas que, en contra de todo lo normativamente establecido, decidieron reclamar su papel en la sociedad: Afrania, Mesia y Hortensia.
En primer lugar, Afrania (también llamada Carfania) fue definida como imprudente, temeraria y locuaz, obsesionada por litigar sin razón y de forma intempestiva. Por el contrario, esta ciudadana sólo actuaba bajo su propio interés, entonces ¿realmente Afrania se comportaba de esta forma? Por otra parte, Mesia, fue otra ciudadana romana que optó por defenderse a sí misma, ya que se decía que su pertenencia a un sexo u otro era dudosa. Finalmente, Hortensia, hablaría en el foro romano en nombre de todas las perjudicadas para obtener la derogación del edicto encontrándose con el rechazo del sector más conservador, lo que logró evitar, y consiguió la reducción del número de afectadas a cuatrocientas mujeres.
Todas estas mujeres son un claro ejemplo de la persistencia femenina que, como se puede apreciar, existe desde la Antigüedad. De este modo, tal y como decía Simone Weil (filósofa y activista francesa): “Hay que realizar lo posible para alcanzar lo imposible”, demostrando una vez más la importancia de estas pequeñas acciones de todas aquellas mujeres que tuvieron valor suficiente para llevarlas a cabo, dejándonos un mundo más igualitario. Por todo esto, gracias.






Deja un comentario