En la sociedad actual, la libertad es un concepto que se da por hecho que tenemos y gozamos, pero hoy, se presenta un debate que rompe con esta idea. Muchas personas coinciden en que somos menos libres que nunca, aun disfrutando de todas las nuevas vías para serlo. Piense por un momento y reflexione, 

¿Es usted realmente libre?

Ciertamente, gozamos de derechos innegables, pero para poder aceptarlos, debemos responsabilizarnos de nuestras acciones. Para acercarnos a nuestra libertad, tenemos que hacernos cargo de nuestros actos.

Para conseguir esta realidad, se puede recurrir a Immanuel Kant, presentando el imperativo categórico.

 A fin de entenderlo mejor, contemplemos este sencillo ejemplo;

Al caminar por la calle, se da cuenta de que se cayó un papel, pero no piensa recogerlo. Mientras pasaba esto, un niño le miraba, y ahora pensará que tirar papeles al suelo está bien. 

Kant nos presenta su reflexión con la intención de educarnos, para dar el mejor ejemplo posible, y cumplir con nuestras responsabilidades.

Fotografía por ESPERANZA PÉREZ (4ºD ESO)

Si bien nuestros derechos y responsabilidades nos acercan a la libertad, hay muchísimos aspectos de nuestra vida cotidiana que nos alejan de ella.  Reflexionemos de nuevo en nuestros ideales. 

¿Son realmente suyos, o han sido implantados en su cabeza, como un dogma de fe?

Para poder entender esta reflexión, se debe entender el concepto de alienación. Este concepto se podría describir como la pérdida de la esencia de una persona; su razón, ideales, personalidad…

Su identidad queda sustituida por ideales de otra gente, para controlarles y anular su pensamiento crítico.

Tristemente, esta es una realidad de nuestra sociedad. Los medios de comunicación, redes sociales, propaganda, políticos y muchos más son responsables de esta alienación a gran escala. Sus mensajes se enganchan en la mente de la gente para ¨pastorear a la gente como al ganado¨. 

Ahora, me gustaría compartir una historia la cual me sorprendió en cuanto la escuché.

Es costumbre en las casas, en las comidas, escuchar el telediario. La protagonista de nuestra historia también lo hacía así, hasta que llegó el covid. Quería saber qué pasaba, porque estaba de cuarentena en su casa. 

Al principio asumió que lo que contaban en los medios era así de terrible, pero luego se dió cuenta de la otra cara de la moneda. Ella se percató de que se hablaba de todo como si fuera una tragedia; que lo era, pero que eso mismo lo hacían con todo. 

“Era poner la televisión, y todo era tragedia, sólo había noticias malas. No se hablaba de todos esos enfermos que conseguían superar el covid. Lo que más me dolió, fué ver cómo contaban a los fallecidos; como si fueran monedas. ”

Lo mismo sucede con todo tipo de propaganda política, intentando cambiar y convencer a sus votantes. Con esto aprovecho ha realizar una crítica a todas las guerras. 

Cuando un país declara la guerra a otro, ningún político debe “jugar a ser Dios”. Una persona no puede dar permiso a la otra para matar a alguien, sino que debe ser un acto personal. Es el soldado el que muere y mata, no el político.

Esta reflexión, a menor escala, se aplica a nuestro día a día. Tenemos que elegir ser libres, siendo conscientes de nosotros mismos como personas. Saber nuestro límites, que nos hace únicos y lo más importante; preguntárselo todos los días. Cuando exprese su opinión, piense en los siguiente;

¿Es la suya propia, o es de alguien más?

Para concluir, me gustaría compartir una reflexión de Descartes, para ayudarles a comprender que nos hace libres, y que encaja en el pensamiento crítico hacia la libertad;

“Pienso, luego existo”


Texto y fotografía de ESPERANZA PÉREZ (4ºD)

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