Lo consciente no es más que piel translúcida que cubre la existencia
FRIEDRICH NIETZSCHE
Historia detrás de los personajes
El día que Nietzsche lloró, de Irvin D. Yalom, es una novela ficticia que mezcla el mundo de dos de las figuras más importantes del siglo XIX, el médico y fisiólogo Josef Breuer; y el revolucionario filósofo Friedrich Nietzsche.
Este primero pasó a la historia por inventar el método del psicoanálisis, junto a Sigmund Freud. Como colaboradores, ambos llegaron a la conclusión de que el cerebro humano actuaba y pensaba en base a lo que apodaron como el “inconsciente”, un estado indomable, influenciado por las vivencias tempranas de la niñez y las pulsiones sexuales. Aunque sus opiniones diferían en varios aspectos, ambos creían fielmente en la existencia del inconsciente y en el psicoanálisis. Breuer utilizó un método de hipnosis en una paciente, conocida por el resto del mundo como Anna O., que presentaba un trastorno de la personalidad cuyos síntomas se manifestaban en forma de parálisis, ceguera o mudez. A través de este método descubrió que si dejaba hablar a la paciente de sus síntomas podía llegar a la causa, al evento traumático que desencadenó dichos síntomas. Además de proporcionar alivio, Breuer se percató de que cuando Anna hablaba de ello, la mudez y la parálisis parecían haberse disipado. Aunque más tarde los síntomas volvieron a remitir, el “caso de Anna O.” pasaría a la historia en el campo de la psicoterapia moderna. La “cura del habla”, como Breuer apodaba a la terapia que consistía en dejar que sus pacientes hablaran libremente para llegar a un diagnóstico, guarda una estrecha relación con la psicología actual.

En paralelo al fenómeno Breuer-Freud, estaba Friedrich Nietzsche, un filósofo alemán revolucionario que cambió la manera de ver el mundo, desde un enfoque teocentrista a uno nihilista. El alemán, en un principio estudió filología y después se alistó, pero sus problemas de salud no le dejaron llevar una vida corriente por lo que renunció a la ciudadanía alemana y mantuvo una vida solitaria, junto a su madre y hermana. Este “aislamiento” hizo que la filosofía de Nietzsche se basara en la búsqueda de una vida solitaria, aislada del mundo, centrada en él mismo y que priorizara el racionalismo y la moral frente al tradicionalismo. El filósofo rechazó la tradición cristiana y anticipó la llegada del nihilismo, una época oscura en la que el humano rechazaría toda creencia impuesta; la muerte de Dios, como él llamaba al fin de la época cristiana, deja al ser humano desorientado. A pesar de que Breuer y Nietzsche no se conocieron, o no se guarda constancia de ello, ambos compartían la creencia de que existía un mundo inconsciente en los cajones de nuestra psique, unos perros salvajes ocultos en el sótano reclamando ser libres. Según Nietzsche “lo consciente no es más que la piel translúcida que cubre la existencia” y estos perros salvajes solo pueden ser dominados por un superyó, un ideal que apodaba como el “superhombre”, un hombre que tiene sus propios valores, que “llegue a ser quien es”, que rechaza las creencias impuestas, que está sometido al poder del destino y que disfruta de la vida terrenal con intensidad pero que rechaza cualquier sentimiento de debilidad, porque según Nietzsche “estamos más enamorados del deseo que de lo que deseamos” y “sólo amamos la agradable sensación que el amor produce en nosotros”, describiendo al ser humano como un ser egoísta, orgulloso y cobarde, pero que ama por encima de todo.
El libro
En una Venecia del siglo XIX, Lou Salomé, una extravagante chica de origen ruso se encuentra con el doctor Breuer, un médico conocido por sus exitosos tratamientos de histeria, y le pide que cure a su amigo Friedrich Nietzsche. Para ello le sugiere que con la excusa de sus problemas de salud innatos, empiece a tratarle, pero que el objetivo de su tratamiento no sean sus problemas físicos sino sus tendencias suicidas y su profunda desesperación. Lou dice que debe tratarle sin que sepa que le está tratando, lo que supone un reto que el médico está dispuesto a aceptar con tal de sorprender a la misteriosa Lou Salomé.
Lou le cuenta la historia que motivó las tendencias suicidas del filósofo: el trío intelectual. Lou Salomé, Paul Rée y Friedrich Nietzsche forman un trío intelectual con el objetivo de intercambiar ideas filosóficas pero Friedrich acaba enamorándose de la rusa, lo que rompe el triángulo intelectual y con ello todo lo que Lou esperaba de ese intercambio. Las cartas que manda Nietzsche cada vez son más desesperantes y la joven sospecha que el alemán podría estar en un limbo de vida o muerte. Por ello, Lou le cuenta que acude a él.
Cuando consiguen que Nietszche vaya a su consulta, Breuer siente que el alemán se le resiste y que no va a poder abrirse a él. Para poder continuar con su tratamiento pide consejo a su amigo Sigmund Freud y trazan un plan en el que el doctor le pide ser su paciente y cambiar los papeles doctor-paciente, de modo que Nietzsche le preste ayuda psicológica a Breuer y este le trate sus dolencias en un centro con el objetivo de acercarse más al Nietzsche humano. El Nietzsche que habita tras esa capa de frivolidad que muestra al mundo. A medida que van avanzando, Breuer siente que no puede superar al alemán en inteligencia y que este tardará poco en descubrir sus intenciones, por lo que decide sincerarse con el filósofo y dejar que este ponga un poco de orden a la caótica vida de Breuer. Un matrimonio fallido, la incipiente vejez, el fracaso existencial y las tentaciones femeninas son algunos de los muchos síntomas que Breuer expone a Nietzsche, quien trata de aconsejar al médico. Sin embargo, Breuer siente que esa angustia y esos temores que expone al filósofo no menguan, sino todo lo contrario. Por su parte Nietzsche poco a poco va empatizando con el médico e intercambiando experiencias con él. Ambos van creando una especie de amistad en la que se ven reflejados el uno en el otro y el vínculo doctor-paciente se rompe, ahora los dos son pacientes y, en contra de todo pronóstico, Nietzsche decide buscar consejo en Breuer. Sin embargo, a pesar de la bonita amistad que estaba floreciendo entre ambos, sus caminos se separan. Ese fue el día que Nietzsche lloró.
Texto e ilustración por AITANA RODRÍGUEZ (1ºA BACH)





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