DEBORAH DU (3ºA ESO)
Con las ganas de que durase siempre
planté mi pequeño árbol en la nieve.
Desde lo más profundo, desde dentro
esperaba que apagase la llama
que me había atormentado hasta ahora;
mas pereció ante el embiste del tiempo.

Ahora vago, malgastando el tiempo,
pensando que así me quedaré siempre.
Pero, ¿y si cambiase justo ahora?,
¿y si el pasado se enterrase en nieve?
Entonces avivaría la llama
de la esperanza que mantengo dentro.

Entonces lo comprendo desde dentro:
debo empezar a utilizar el tiempo.
Mi entusiasmo prende como la llama
y deseo que este nunca dure siempre.
Y aunque me frene este montón de nieve,
no puede ganarme terreno ahora.

Junto a este esperanzador ahora
llevo mi reflexión mucho más dentro
y desde mi corazón, esa nieve
empieza a derretirse con el tiempo
dejando paso al bonito siempre.
Así es como prende en mí aquella llama.

Dándome calor esta nueva llama
descubro que los malos tiempos ahora
ya han dejado de ser los que eran siempre.
Me dispongo a aceptar desde dentro
que ha empezado un benévolo tiempo.
Y que ya no me sepulta la nieve.

Ahora descubro que toda la nieve
ha sido derretida por la llama
que ha producido el amor junto al tiempo.
Indago sobre el futuro que ahora
me espera en mí, escondido dentro.
¡Mi felicidad perdura por siempre!

Desde aquel siempre que avivó la llama,
espero que el tiempo me llegue dentro
y comprenda ahora el valor de la nieve.

Texto por DIEGO DEZA (2ºA ESO)
Ilustración por DEBORAH DU (3ºA ESO)

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