Recuerdo mi primera vez sobre un escenario dentro del conservatorio de danza como si fuera ayer. Hace ya cinco años desde esa actuación inicial, con todos los nervios a flor de piel, en la cual me di cuenta de que bailar es un arte precioso, no solo de ver, sino aún más de practicar, y al cual sabía que quería dedicarme profesionalmente.

JULIA GALLARDO (2ºC ESO)

La danza no es solo un esfuerzo físico, como puede ser jugar a la pelota en un parque, sino que va mucho más allá. A pesar del desconocimiento generalizado sobre esta actividad, os puedo afirmar de primera mano que la danza es un arte, y no el que se nos viene a todos a la mente normalmente, como pensar en un cuadro de Picasso; esta disciplina es una forma artística mediante la cual somos capaces de transmitir sentimientos y contar historias al público únicamente a través de nuestro cuerpo. De esta definición nace la frase: “No solo bailamos con el cuerpo, cada bailarín pone parte de su alma en cada movimiento”, la cual conlleva un fuerte valor sentimental detrás, al definir a la perfección nuestra profesión que requiere un enorme esfuerzo físico y mental y que, además, pasa desapercibida dentro de nuestra sociedad. 

Por ello, me gustaría tratar una serie de temas sobre los bailarines de forma que podamos comprender popularmente a la danza como un arte. En primer lugar, voy a centrarme en la importancia de la fuerza psicológica que un bailarín debe desarrollar, ya que se suele tender a prejuzgar por lo que vemos, es decir el físico, pero no nos paramos a reflexionar sobre todo el trasfondo que hay detrás de este. Es obvio que, al igual que cualquier deportista de élite, los bailarines exponemos nuestro cuerpo al límite diariamente. En cambio, hablando desde una perspectiva personal, lo más duro de sobrellevar es la capacidad de controlar nuestra mente, ya que esta suele tender hacia la parte negativa la mayor parte de las veces y si no somos capaces de cambiar esa predisposición de pensar “No puedo hacerlo” antes de cualquier paso, os puedo asegurar que es imposible lograrlo. El principal impulsor de estos pensamientos es la comparación, es decir, tendemos a compararnos entre nosotros de forma casi inconsciente, algo que sucede todo el tiempo en nuestra sociedad, pero que particularmente, es muy común en la danza y puede derivar en problemas psicológicos mucho mayores como puede ser una anorexia (que es el caso más común). Entrando en este tema, me gustaría explicar la creencia del mito sobre las primeras bailarinas y los problemas alimenticios, de las cuales se dice que dejaban de comer para estar más delgadas antes de las actuaciones y que únicamente ingerían algo con azúcar para poder aguantar todos los ensayos diarios. Pues bien, a pesar de que ya no sucede con tanta frecuencia, esto es algo real en nuestro mundo y un problema contra el que tenemos que luchar constantemente: “el prototipo de bailarina alta y muy delgada”. Esto ha llegado a ocasionar graves problemas a niñas desde muy temprana edad, como le sucedió a una de mis mejores amigas a la que conocí en el propio conservatorio y la cual estuvo a punto de morir. Es por ello, y haciendo un breve paréntesis, que tratéis de perdonarme por hacer especial hincapié en esta parte no tan bonita de la danza, pero la cual necesita un mayor reconocimiento y por tanto he considerado un tema necesario de dar a conocer y aclarar, en honor a todas esas chicas que han tenido que lidiar con este problema ellas solas a lo largo de toda su vida.

Cambiando de tema y dejando atrás este momento más personal, continuo volviendo al tema principal de mi relato, la danza. Esta la podríamos considerar el arte de todas las artes, ya que en ella se incluyen otras artes como la música, el teatro y la pintura, originando una única, la cual desde sus orígenes prehistóricos ha ido ligada a estas artes con las que ha ido evolucionando hasta nuestros días. 

Aún me acuerdo de la sensación que experimenté en mi primer festival, justo en el momento en el que pensé: “Todo lo sufrido a lo largo del curso: ensayos, llantos, dolores, lesiones… ha valido la pena”. Lo supe al instante en que vi a mis padres y seres queridos emocionarse por verme encima del escenario, y sobre todo al vivir… ¿Sabéis ese momento idealizado en nuestra mente sobre algo que queréis experimentar o simplemente hacer pero que aún no ha llegado? Pues vivir esa idealización es de las mejores sensaciones del mundo y yo lo he logrado gracias a la danza. Esto sucede debido a que este arte no solo es un montón de movimientos sin sentido aparente que realizamos encima del escenario, sino que cada actuación conlleva miles de horas detrás en cada ensayo, incluye los momentos diarios con tus amigas, la horas anteriores a salir a bailar maquillándonos, calentando… El momento con tus compañeras justo antes de salir al escenario, la primera muestra de vestuario, las lágrimas al final de cada festival, las despedidas de profesores y graduados… Y ahí es cuando te das cuenta de que la danza es un arte único que une a las personas de una forma diferente y que nos permite plasmar a cada persona, con pasión y sentimiento, en una coreografía lo que no todo el mundo es capaz de transmitir con palabras.


Texto por DANIELA GUEVARA (1ºA BACH)
Ilustración por JULIA GALLARDO (2ºC ESO)

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